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EL PILAR
DEL AFLIGIDO
DE AMOR
Y en una
madrugada
fría
Desierta
ante tus
ojos
Afligida,
dolorida y
temblorosa
Posaste tu
cabeza en la
fuente del
deseo
Postrada
frente a
ella,
Esbozaste
una sonrisa
dolorosa
Una sonrisa
penosa
Una sonrisa
virtuosa
En la fuente
del deseo
Pediste uno
En la fuente
del deseo
Dos grandes
y espesas
lágrimas
tuyas,
cayeron
Postrada
frente a la
fuente de la
sabiduría
Del que
afligido de
corazón
recurre a
ella
Lloraste
desconsolada
Porque un
amor deseado
y querido,
daño te
había
proferido
Intelectualizada,
consciente
de que la
fuente
No manaría
de su
manantial
seco
Un agua
cristalina
con que
lavar tus
ojos
Tu mente
pedía
incontroladamente,
el deseo del
amor que un
día te
marginó
La fuente
estaba seca
de tanto
dolor
De tanta
angustia que
había tenido
que captar
En la fuente
del
desesperado
de amor
Los
corazones se
desgastan y
las
esperanzas
desvanecen
Dos grandes
lágrimas,
surcan tus
ojos
Buscando un
vacío, para
después,
parar
En el
bendito
suelo que
pisaste,
ellas no
cayeron
Y fueron a
parar, al
pilar para
quedarse
allí
pasivas,
junto a
otras que
habían
derramado
los demás.
Te fijaste
en ellas, y
viste las
tuyas.
Y limpiarlas
querías,
pero no
tenias el
deseo de
secar
Las lagrimas
del dolor
brotado de
un corazón
dolido de
amor
Son duras y
amargas,
trágicas y
espesas, con
color para
el dolido,
negro
aterciopelado.
En la fuente
del deseo
del amor
Te paraste a
pedir lo que
no te podías
permitir
Recuperar el
amor del que
un día,
malos tratos
a ti, te
profirió y
propinó.
Y tú, en tu
corazón sin
fuerza,
perdón
exclamabas
al
torturador
De repente,
entre tus
sollozos
Una voz con
eco, se
escuchó
Un susurro
quebradizo y
desgarrador,
un grito
pasivo,
incauto y
lleno de
emoción
Era tu
llanto, en
plena
explosión de
amargo,
triste y
bello amor,
en un vacío
siniestro.
Y pedías
perdón a tu
torturador
Y pedías
semilla de
compasión
para tu amor
Para el que
más querías
en el mundo,
tu amado
Y a las dos
lagrimas del
pilar, otras
nuevas le
volvieron a
acompañar
Y en ese
hermoso
pilar con
llanto seco
y desplomado
Comenzaste a
hacer un
charco, de
lágrimas de
amor
Infectado tu
corazón, tu
mente, tus
ojos y tus
labios del
recuerdo
Del que un
día te los
besó, y te
hizo el
amor, no
pudiste
contener, un
por favor.
Levantándote
con enorme
esfuerzo
Angustiada
de no saber
donde ir
Te abrazaste
a ti misma
Y
emprendiste
el camino de
regreso,
como por
intuición
En casa, te
paraste a
mirar
Te
preguntaste,
¿donde puede
estar?
Tengo miedo,
tengo
piedad,
tengo amor,
y odio,
debería
expresar,
Pero no me
lo puedo
controlar,
pues amor,
solo es lo
que me da,
mi golpeada
personalidad.
Torturador
de palabras
De actos
imprudentes
Amparado en
sociedad
machista
Bebes del
vino del
odio,
rebosando tu
vaso hasta
la saciedad
Torturador
de mujeres y
hombres
Cobarde de
espíritu
Acomplejado
del valor
del que
enfrentarse
a un
superior
Huyes
corriendo
entre
malezas,
pero empuñas
tus armas,
al débil y
pasible de
amor
No es
torturador,
el que bebe
del vino de
la compasión
Y golpea en
defensa, su
alma, su
vida, su
condición
Es
torturador,
el cobarde
necio,
egoísta e
insípido
mental
Que
amparándose,
en
ocasiones,
en castigos
necios de
leyes
escritas en
pergamino
medieval
Utiliza esa
fortaleza
del amparo y
permisibilidad
social
De los
derechos
humanos que
nos amparan
Para muy
seguro y
sabio,
golpear al
que tiene
una cadena
con candado
Al que aun,
procesa un
amor limpio
y con
cariño, ese
es, el
condenado.
Golpea a ese
amor
Le daña,
odia, pero
en ese
momento
El amor es
tan fuerte
que perdona
Y a su
asesino, le
da otra
oportunidad
Torturador,
no llenes el
vaso con
vino de
rabia
No reboses
la intención
del daño
Párate en la
fuente del
dolor
Y moja tus
dedos en las
lágrimas que
allí,
quedan, cuan
agua bendita
en iglesias
Empápate de
ellas,
siéntelas,
admíralas
Porque allí,
han ido
derramadas,
con el jugo,
puro del
dolor
Siéntalas,
siéntelas, y
después,
cuando la
semilla de
ese jugo
Te germine,
quédate con
el peor de
los
castigos,
porque el
arrepentimiento
te germinara
El
sufrimiento
emocional
El
sufrimiento
espiritual
El sentir
que a ese
rostro amado
Tú,
asesinaste
un día, con
palabras,
actos, y
ensañamiento
Sufre
torturador
Aunque la
ley, dejado
en paz te
pone
Aunque tu
amor, te
ponga su
mejilla en
tu hombro
Porque
cuando
toques las
lagrimas de
la fuente
del dolor
Tú no podrás
volver a ser
torturador
Tú no podrás
volver a
proferir
daño a un
corazón que
te ama
Ese es tu
castigo
eterno
Tu castigo
de
infelicidad,
por el dolor
de la
conciencia,
encarnecida
y
desgarrada.
Torturador,
escucha a tu
amor
Nunca te
reprochará
nada
Sumisa
estará a tu
lado, y
olvidará, y
perdonará
Pero tu
compromiso
de por vida,
en el
contrato de
la fuente,
hiciste
aquel día,
vendiendo tu
maldad.
Hoy eres
bueno
Hoy eres
gentil,
sumiso,
amable,
cariñoso y
bondadoso
Pero el
pacto de la
fuente
Es fuerte y
duro, te
condenó a
sufrir, el
arrepentimiento
eterno y el
sufrimiento
del alma
No hay ley
escrita ni
humana
Ni una
cárcel puede
darte
Lo que ese
día dejaste
en la fuente
del amor
El desgarro
del alma
doliente,
que germinó
en ti, a
modo de
eterno
dolor.





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